Histórica Respuesta del
General Loynáz del Castillo
DIARIO LAS AMERICAS
Miami, 10 de octubre de 1980
Qué
ocurrió el día 15 de noviembre de 1895, en las praderas camagüeyanas, en
finca "La Matilde"
Una página de señalada significación histórica de nuestra
epopeya redentora, cargadas de emotivos recuerdos, revela a la posterioridad, que en aquel memorable día,
bajo patriótica emoción, rebeldía e inspirado, el joven de 25 años de edad, Enrique Loynáz del Castillo, convertido más tarde a General del Ejército Libertador
Cubano, le dio a las fuerzas mambisas y a su patria, la vibrante música,
así como su letra, a nuestro glorioso Himno Invasor, llamado también, "Himno
del Pueblo”. A tenor de su expresada música sonora y ardiente, los soldados
de la libertad, recibieron poderoso estímulo en su marcha Invasora sobre
Las Villas, alcanzando en su estreno la importantísima victoria de "Mal
Tiempo".
En las paredes de la casa de la finca,
"La Matilde" que perteneció al Dr. Simoni,
padre de dos admirable cubana, Matilde, esposa del General Eduardo Agramonte,
y Amalia, la romántica y adorable compañera del General Ignacio
Agramonte Loynaz, las fuerzas españolas que rehusaron combatir, dejaron
escritas en las citadas paredes frases groseras e insultos desagradables
& contra los sublevados, y en una ventana blanca y azul, bajo una pirámide
coronada por una bandera española, aparecieron unos bellos versos. Aguien
trato de borrarlos pero el propio joven Loynaz se opuso. Procedió
entonces a, pintar una bandera cubana, cobre la otra ventana abierta y sobre
el glorioso palio escribió unos versos
que al mismo tiempo musicalmente
los tarareaba. Así, de esta forma salió su famoso Himno Invasor, cuya definitiva
musical al pentágrama musical, quedó a cargo del Capitán Dositeo Aguilera,
patriota esclarecido, que en unión de otros cubanos profesores, formó y
dirigió abnegadamente la pequeña Banda de la Revolución que acompañó al
General Antonio Maceo durante la invasión.
La letra de las distintas estrofas del citado
Himno, rezan así:
¡Las Villas valientes cubanos!
A Occidente nos manda el deber.
De la patria arrogar los tiranos
¡A la carga: a morir o vencer!
De Martí la memoria adorada
Nuestras vidas ofrenda a al honor
Y nos guía la fulgida espada
De Maceo, el Caudillo Invasor
Alzo Gómez su acero de gloria,
Y trazada la ruta triunfal,
Cada marcha será una victoria;
La victoria del bien sobre el mal.
¡Orientales heroicos, al frente!
Camagüey legendario avanzad:
Villareños de honor, a Occidente,
¡Por la Patria, por la Libertad!
De la guerra la antorcha sublime
En pavesas convierta el hogar;
Porque Cuba se acaba, o redime,
Incendiada de un mar a otro mar.
A la carga escuadrones volemos,
Que a degüello el clarín ordeno,
Los machetes furiosos alcemos,
¡Muera el vil que a la Patria ultrajo!
Ahora expresamos. ¿Cómo llegó a conocimiento del
Mayor General Antonio Maceo, en plena Invasión, la noticia del Himno Invasor
de Loynaz?
Y por versión personal, del propio autor, expresamos:
"En aquel ambiente patrio, caldeado al rojo, los versos de la Invasión,
como encendida los llamaron, fueron
como un reguero de pólvora... Le casa se colmó de oficiales y soldados que sacaban copias. El Presidente
Cisnero, decidió mudarse: "No podemos con este gentío trabajar".
Tu himno nos desaloja. ¡El himno está consagrado¡
Aquel exitazo inesperado me animo a buscarle melodía
apropiada al verso. Horas y horas de solitarios ensayos, fijaron en mi memoria
la melodía, altiva y enaltecedora.
Encendida me dirigí
al General Maceo: "General, aquí le traigo su himno de guerra, que
merecerá el gran nombre de usted; déjemelo tararear.. "Pues bien”,
me respondió el General. Y a medida que yo canturreaba los verso, la mirada
se le animaba. Al terminar, en la estrofa evocadora de las trompetas de
carga, puso sobre mi cabeza su mano mutilada por la gloria, Magnifico -dijo-.
Yo no se nada de música, para mí es un ruido, pero esta me gusta. Será el
Himno Invasor, si, quítele mi nombre, y recorrerá en triunfo la República"...
Luego agregó: Véame a Dositéo, para que mañana temprano lo ensaye la Banda.
-General- objeté. Tiene que ser ahora mismo, porque mañana, se me habrá
olvidado esta tonada, como me ha pasado con otras".
"Pues bien; vaya adora mismo y traiga a Dositéo".
Era el Capitán Dositéo, el Jefe de la pequeña Banda del Ejército Invasor;
agradable. inteligente y acogedor. "Lo he llamado, dijo el General” - para que la Banda toque un himno de
guerra, que le va
a cantar el Comandante Loynaz. Váyanse por ahí y siéntense
en alguna piedra, donde nadie los moleste; trabajen, hasta que la
Banda toque exactamente el Himno Invasor, “Apúrenme eso”.
En dos taburetes Dositéo y yo nos pusimos a trabajar. Apenas
media hora había, a mi juicio, transcurrido, y ya estaba completa en el
pentágrama la melodía, que le fui tarareando en sus tres variaciones armónicas.
La volvió a tararear leyendo sus notas. La celebró, pero
agregó: No se me contraríe si le hago una pequeña corrección. Interrumpí:
"El General dijo exactamente". Sí, pero ni el General, ni usted
saben nada de música. Con las notas de este primer compás no hay voz que
llegue a los últimos compases. Y su himno es para el canto. Déjeme esto
a mí, que necesito ahora mismo empezar el verdadero trabajo, Instrumentar,
y con la prisa que el General quiere.
Al día siguiente, el Ejército Invasor, tenía un himno: Con
él Iba a recorrer la República. Con la Invasión, llegó el himno a Mantua.
Y tres años después, lo escuchó la Capital entre el estampido de los cañones
que saludaban la llegada del Ejército Libertador. Desde entonces, fue costumbre
en los actos oficiales, abrir con el Himno de Bayamo, y finalizar con el
Invasor. El General Loynaz, rechazó siempre las sugerencias de inscribir en el Registro de la Propiedad Intelectual, el Himno
Invasor a su nombre. Expresó, que el Himno pertenecía al pueblo cubano.
En
Bani, la tierra de Maximo Gomez, según en cierta ocasión escribía Renée
Méndez Capote:
Allí
en un cañón para la historia, conserva el nombre de Juana del Castillo.
Allí, le ha nacido su hijo Enrique Loynaz. El hijo que ella arrullaba en
sus brazos amorosos con un himno de la época de Agüero y López, que la transporta
a su Camagüey heroico. Y la voz de plata de la madre bella va grabado conceptos
en la mente del nuevo hijo. Son las palabras guerreras que despertarán en
el niño el ansia de la lucha por la Independencia.
“Que
silben las balas
que
truene el cañón...
¡Ser
libres queremos!...
Del
vientos en las alas
mi
cántico suba,
Hermanos
de Cuba,
¡La
espada empuñad!
Enrique
Loynaz, va creciendo en un ambiente familiar en que el culto a la patria
estaba en él aíre que respira, en la luz que, alumbra, en la vos de la madre
que resonará siempre y revivirá en el recuerdo emocionado.
“El
Himno Invasor completaba la misión histórica del Himno de Bayamo. El de
Perucho Figueredo era el viejo dolor, el triste canto de usa generación
egregia que todo lo tenia y todo lo dio por Cuba. El Himno Invasor es el
de la bravura, el arrogante cartel de desafío, el de la Intrepidez, el de
la exaltación, el que venía a vengar a los que cayeron en anterior demanda,
y sobre las tumbas de ellos levantar la República. A la majestad consagrada
del Himno de Bayamón se le unía el canto de la victoria. El 68 y el 95 hablan
encontrada tus respectiva expresiones musicales.
Por
eso la República
estaba obligada a cierto reconocimiento de ese Himno; que fue prodigioso
aún en aun efectos. El de Bayamo es ya el Himno Nacional. El Invasor debe
ser el Himno Popular. Todo acto solemne debe empezar como en el 68, con
el Himno de la Nación. Y debe terminar, como sucedió en el 95, con el Himno
del Pueblo.
Y
aquí en Miami, en el destierro, en mas de dos década alejados de la patria
querida, en esta fecha del 10 de Octubre, aniversario del Grito de Yara,
ofrecemos nuestro cariñosos e Imperecederos recuerdos a esas dos grandes
figuras de nuestra historia: Perucho Figueredo, y el General Enrique Loynaz
del Castillo, quienes a más de sus extraordinarias contribuciones bélicas,
añadieron a los destinos de Cuba sus esfuerzos musicales de tanto valor.
Miami, 10 de octubre de 1980.
DIARIO LAS AMERICAS
Historia de
la Familia: Loynaz Del Castillo
2nd. Expedición
de "El Garvanic"
Sumario
de la Vida de Enrique Loynaz y Arteaga
Muere el
Padre: Enrique Loynaz Arteaga
Los 17 Hijos:
Loynaz del Castillo
El
General Enrique Loynaz del Castillo