Historia de la Familia

Loynaz del Castillo

 

Cartas de José Martí

 

Carta de Introducción a Antonio Maceo

 

Sr. General Antonio Maceo

Mi muy querido Amigo:

 

          Por el correo del sábado que acaso llegue a usted antes que estas líneas, contesto su última y con el placer profundo que me posee le hablo de todo. Aquí lo hablaría si tuviera tiempo, pero se va el vapor que lleva a Costa Rica a buscar campo y refugio en la tormenta venidera para su distinguido padre a un joven cubano de mérito ya probado, a paz de organización y abnegación y que acaba de salir prófugo de
Cuba, después de haber prestado a la Revolución un noble servicio; Enrique Loynáz del Castillo.

          A pesar de su juventud, el respeto a su patria en el concepto del alto deber con que nos hemos de sacrificar por ella, puede en él mas que su impaciencia y su ímpetu. En Loynaz hallara Ud., un leal y ardiente amigo de Cuba y de usted.

          Cuídemelo, favorezcamelo con sus consejos. Por si Ud. No esta allí, le doy carta para Iglesias. Loynaz es hijo que antes de pelear quiere sacar a su padre de la peligrosa prosperidad de que goza en Cuba y colocarlo donde pueda con utilidad para el país que lo acoja dedicarse a cualquiera de las labores en que es perito, azúcar, maderas, construcciones. Es hombre entero, caballeroso, útil.

          Le dice adiós alegre, y pronto vera por que su muy cariñoso.

 

                                                                    José Martí 

 

 

          Enrique Loynaz Arteaga con toda su familia se traslada a Costa Rica, habiéndose establecido en la península de Nicoya, donde residía el General Antonio Maceo, del que su hijo Enrique hacia poco lo había nombrado de escolta y ayudante del mismo.  Al poco tiempo Enrique tuvo que salir del país, ya que a la salida del Teatro Vanidades, en San José, fue objeto de un atentado el General Maceo saliendo herido, pero su vida fue salvada al disparar Enrique un certero balazo a la frente del español de apellido Incera; por lo cual el gobierno de Costa Rica, debido a las presiones de España, prefirió decirle a él que saliera del país en lugar de hacerle causa. Al llegar a New York estuvo a las órdenes de José Martí de nuevo, hasta el desembarco de la Revolución del 1895 en Cuba.

El dia 22 de Junio de 1894, Jose Marti le escribió la siguiente carta a Enrique Loynaz del Castillo:

 

 

Carta a Enrique Loynaz del Castillo

 

                                                          Panama, 22 de Junio 1894

 

A.Case 111

Panama

Apartado No. 139

 

Sr. Enrique Loynaz.

 

Mi muy querido Enrique:

 

          ¿Hallaré modo de mandarle en un abrazo todo mi cariño? ¿De curarlo con un abrazo de esa sangre injusta que se le suele subir a la cabeza, como cuando su enojado silencio a la hora de nuestra despedida, borrado por fortuna con las lágrimas que al verme por última vez acaso en tierra extraña, querían como caérsele de los ojos?

Amigos tendrá Ud: pocos que como yo lo hayan visto con toda claridad en sus nobles entrañas. Sobre lo que me dijo: actúe. Ni una palabra mas ni aún la que parezca más inofensiva o discreta, sé ha de decir en estas cosas; pero a Ud. Bastara con lo que le indique. Me alegraría de ver muy pronto a su padre en Costa Rica.

Yo le escribo al vuelo. Llegué ayer. Obtuve lo que deseaba. Salimos hoy, de aquí a dos horas, para Jamaica. Le daré un recado a Flor Crombet. Me lo hallé con simpatías vivas por Ud., y al pintárselo yo como hombre de campo cuando era menester, y como laborioso, me dijo: “Pues dígale que, puesto que vamos por el mismo camino, yo tengo para él en la sierra su casa y sus gastos, y unos treinta o cuarenta pesos al mes”. Y ese, del alma. Si conviene o no, véalo con el General. Tal vez convenga o tal vez le haga ud. Más falta ahí, o esté bien por un poco mas en San José, visitándome casa a casa el Club. ¿Ya me lo reunió? ¿Y el de las mujeres, con esa santa que llamamos María? ¿Y la cuota, justa e indispensable, de diez pesos por cabeza? Ceso, porque no me alcanza el tiempo para lo que me falta por hacer. Escríbame minuciosamente a New York, de modo que a mi vuelta, para el 5 de julio, pueda hallar carta suya. Pancho anda viendo la ciudad. Yo, Enrique, quisiera tenerlo a Ud. Cerca de mi.

 

                                      Su

                                                Jose Marti

 

 

José Martí le escribió otra carta a Enrique

 

Querido Enrique:

 

Por supuesto que esta carta no lo encontrara a Ud. Allí. ¡Conque pesar he visto llegar sin Ud. los vapores en que me anunciaba su venida! ¡Conque pesar se ha ido Elpidio sin verlo! ¿Cómo pierde Ud. La oportunidad de un servicio, personal y heroico, y directo, y con Ud. De cabecera, que le imponen sus amigos, por el orgullo que tienen de Ud., y puede pesar tanto en su comarca? Vuele a mí. No hay un día que perder. Y si lo detiene el temor de ir en compañía que no le agrade, deséchelo. No se trata de eso, sino de algo que Ud. de propia cabecera puede hacer, y otro no, y está esperando por Ud., y no tiene Ud. el derecho de rehusar. Aquí se llega Ud., a tiempo, le explicaré lo que no fío a carta, ni al entusiasmo de Ud. Y ¿le daré un abrazo por su piadoso y elocuente artículo, por la ternura que muestra por mí? ¿Lo abrazaré, ahora que estoy enojado, por lo que ya ha dejado de hacer, que V. Allá no puede medir cuanto ha sido? Venga, y lo perdono.

Hay que arrancarse de sí. Servir es darse.

 

                                                Su

                                                          Marti.

 

 

 

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