Al
estallar la guerra en la Demajagua, bajo la dirección de Carlos Manuel de
Céspedes del Castillo (hijo de Carmen Del Castillo), salió para el extranjero
Martín del Castillo Agramonte que en esa época radicaba en Nassau, su futuro
yerno: Enrique Loynáz Arteaga que junto con su hermano Carlos, poseían la
firma Naviera Tunel & Loynaz. Enterado de las intenciones de Martín,
le facilitó a la Revolución la goleta Galvanic de su propiedad, la cual
condujo personalmente.
El
Galvanic era una goleta de factura inglesa y fue adquirida por Loynaz el
20 de agosto de 1867 por la suma
de $85,000.00 cantidad que hubo de ganar al comprar un octavo de ticket
de la Lotería de Brooklyn el día 1ro. de marzo
de 1867.
Partió de Nassau, saliendo el día 22 de diciembre de 1868,
arribando después de haber sufrido una fuerte borrasca durante la travesía.
Esta fue la primera expedición que llegó a Cuba en la guerra del 1868 con
71 expedicionarios al mando del general
Manuel de Quesada y Loynaz. Luchando contra los embates del tiempo,
la goleta atraviesa el estrecho que separa a Cayo Romano de Cayou Guajaba,
penetra en el estuario y ancla en el puerto de la Guanaja con fecha domingo
27 de diciembre de 1868 inscrita
en el libro de la fama de nuestra independencia, fue a sólo pocas semanas
del 10 de octubre de 1868.
El General Quesada era primo de Loynaz y cuñado de Carlos
Manuel de Cespedes cuya esposa se llamaba Ana Quesada y Loynaz.
Vinieron en dicha expedición unos setenta jóvenes de La Habana
pertenecientes a distinguidas familias entre los cuales figuraban Julio
Sanguily, Luis Victoriano y Federico Betancourt, Rafael Morales Gonzalez,
Antonio Zambrana, Ramon Perez Trujillo, Francisco Larrua, José Payán, Tomás
C. Mendoza, Jose Ma. Aguirre, etc.
La llegada de Quesada, uno de los bravos generales juaristas
que expulsó a los ejércitos franceses de México con tan precioso cargamento
de 2540 fusiles Enfield, 150 rifles Spencer, medio millón de tiros, 200,000
cápsulas metálicas, un cañón, 300 granadas y gran cantidad de pólvora. El
cargamento no pudo ser mas útil a la revolución y teniendo en cuenta el
desembarco afortunado, los conocimientos de Quesada y otras circunstancias,
parecía él para ser nombrado el Jefe de las fuerzas camagüeyanas, pues el
único que podía disputarle este cargo era Augusto Arango y Agüero, pero
este había perdido en parte su popularidad debido a las intrigas y la propaganda
antirrevolucionaria de su hermano Napoleon Arango, que gozando de inmerecido
crédito venia dividiendo las opiniones dentro de las filas insurrectas.
Por estas circunstancias el día 31 de diciembre de 1868, quedo nombrado
Jefe interino de la fuerzas de Camagüey: Manuel de Quesada y Loynaz.
Al llegar la expedición de La Galvanic, calados hasta los
huesos por la lluvia, comienzan los expedicionarios en cadena a transportar
los pertrechos a tierra. Mientras “La Galvanic” se aleja a toda vela de
las aguas comprometedoras. El General Quesada, sin perdida de tiempo ordena
la construcción de un reducto. Las manos de los jóvenes habaneros, habituadas
a manejar la pluma o a reforzar el énfasis de los discursos, se pueblan
de ampollas por la ruda faena nueva para ellos.
A unos pasos cerca de la playa se encuentra el bosque tropical. Poco
antes de caer la tarde han levantado un fuerte parapeto hecho con grandes
troncos de caoba. Luego es estremecido por un grito de alerta dos días después
“Un barco... Un barco a la vista”. Dando bordes, en zafarrancho, se destaca
en la lejanía un crucero español. Quesada prontamente distribuye estratégicamente
sus hombres unos 50 en la espesura que rodea el campamento. “Que nadie dispare
hasta que yo de la orden”. Entonces Fernando Agüero se le acerca: “General,
si vamos a pelear permítame poner la bandera”. Quesada a este gesto patriótico,
sonríe: “Bien alta”, joven que se vea bien alta”.
Desde
el crucero, los españoles atisban, batida por el fuerte viento, dentro del
catalejo del capitán de la nave flamea la bandera cubana. El crucero dispara
un cañonazo, que hace blanco en el pedazo de la playa comprendido entre
el parapeto y el mar. Retumba otro cañonazo, menos ofensivo. Un eco. El
tercero levanta un surtidor en la mar picada. Los cubanos, desde sus respectivas
posiciones, observan ahora que un bote, zarandeado por las olas, se desprende
de cañonero ya avanza rápidamente hacia la playa. ¡Fuego! El grito enérgico
del General Quesada se confunde con la descarga cerrada de sus rífleros.
El bote persiste en su avance por el impulso de la ultima remada, pero se
retuerce y busca refugio detrás del barco.
El
crucero en represalia, bate a cañonazos la costa. Fue cuando en lo más rudo
del estruendo, el viento derriba la bandera cubana, que vuela aferrada al
asta sobre el pedazo de playa que separa el parapeto del mar. Se escucha
entonces una exclamación de jubilo. Los del navío han entendido que la hazaña
es obra de la puntería de sus artilleros, y se rompen los pechos dando “Vivas
a España”. En medio del fuego graneado de ambas partes, salta Julio Sanguily
por encima del parapeto y la rescata bajo una lluvia de balas. Grandes vítores
pueblan de nuevo el escenario del combate.
Pero ésta vez el júbilo es cubano.
El joven Sanguily, con las balas picándole los talones, veloz y certero,
trepa la trinchera, afirma la enseña y se deja caer de nuevo en su puesto
de combate.
El
cañonero intenta otro avance, pero es mantenido a raya por las ráfagas de
un triple fuego cruzado. Ya impotente contra un enemigo que tenia como aliado
a los elementos adversos, se aleja de la zona peligrosa. Quesada enseguida
ordena “en marcha” y los expedicionarios ya mambises, después de repartir
la carga buscan un camino al monte. Esta fue la primera victoria de los
cubanos en su audaz desembarco.
Aunque la segunda expedición de la goleta La Galvanic esta
incluida entre los fracasos de 1869, no por eso desmerece la atención temática.
Recuerden que fue la primera embarcación en traer recursos de querrá a los
cubanos en armas a fines de 1868, y que en aquella oportunidad su nombre
quedó airosamente vinculado a la pelea ganada por los expedicionarios contra
un sorpresivo ataque enemigo en la bahía de Guanaja.
Historia de
la Familia: Loynaz Del Castillo
2nd. Expedición
de "El Garvanic"
Sumario
de la Vida de Enrique Loynaz y Arteaga
Muere el
Padre: Enrique Loynaz Arteaga
Los 17 Hijos:
Loynaz del Castillo
El
General Enrique Loynaz del Castillo